Corría el año 1957. Un grupo de jovenes estudiantes de las escuelas de bellas artes pintaba a orillas del Riachuelo, participando en un concurso de manchas. Cuando examinamos como jurados, con Julio Payró y alguien más que no recuerdo sobresalió el trabajo de Marta Minujín, quien tenía apenas dieciséis años. Desde entonces nuestra relación no se ha interrumpido, salvo en los periodos a veces dilatados en que, andariegos como somos, ella y yo viajamos al extranjero. Relación ya de amistad en la época del Di Tella, por su intensa y frecuente colaboración, sin altibajos hasta hoy, en que escribo sobre su obra por pedido de ella. Voy a cumplir esa tarea sin temor - ya que más allá de la coincidencia o dis-coincidencia en términos de teoría artística o de práctica estimativa, la base de nuestra amistad es la comprensión recíproca, acaso porque me siento joven en su presencia y ella madura en la mía.Que escriba sin temor no facilita la taera, precisamente porque conozco a Marta desde hace tantos años y no siempre he estimado como debía su actividad artística; también, porque mucha parte de esa actividad ha tenido lugar en otros países y me falta la visión in situ.Y razón mas poderosa, es obvio recalcarla, se basa en su carácter independiente que la distingue, sin haber formado parte de grupo alguno. Pero esto si, nunca se a apartado de una indefinida actitud moderna, mas que moderna actual, actualísima, con la intencionalidad enderesada a vincular arte y vida, esquivando las formas establecidas.Si de algún artista puede decirse, entonces, que ha sido y es revolucionario en nuestro medio artísticovisual, es de ella, pero tampoco porque haya intentado transformarlo en caos, según es manifiesta intencionalidad de otros; mas bien, porque lo ha enriquesido, favoreciendo la participación de las gentes en actos que a ella la desbordan concientemente. De lo que dare cuenta en las paginas siguientes, para dibujar una fusión de los hechos - sus obras son hechos, más que obras, el perfil de su extraña personalidad-, y dar a los lectores de este libro, en el que se va a interesar mi trabajo, una versión sobre los medios de los que Marta se a valido, que pueden parecer excesivamente diversos. No lo son tanto; ahora que ella se acerca al mediodia de su vida empieza a demostrarse la unidad de cuanto se ha propuesto y ha hecho, sin poder vaticinar cuanto hará, dependiendo de como se le presenten las realidades, a las que siempre se ajusta. Con la única certidumbre que no variara su calidad, ese plus que todo artista auténtico revela inconcientemente y que como relata Cioram es "sabor y pasion del sabor", residiendo en esta "todo el secreto de la vida". Pasión que anima a Marta, solo que para ella el sabor no es de las cosas sino de los hombres en sus relaciones recíprocas y con el espacio, aun con el tiempo.¿No es esta pasión que sus obras, mejor dicho, sus productos artísticos no son comerciables? Aun cuando no lo parece, todo lo que Marta hace se diluye en el tiempo, luchando contra la eternidad en aras de lo efímero. Tan es así que cuando se la quiere representar en exposiciones retrospectivas, las organizaciones deben recurrir a sus cuadros, lo menos representativo de su quehacer.