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Minujín Obras 1959-1989 Del 26 de noviembre al 7 de febrero de 2011. Sala 5 (2º piso), sala 3 y terraza (1º piso) Marta Minujín. Obras 1959-1989 Inauguración: jueves 25 de noviembre a las 19:00 Malba – Fundación Costantini cierra el año con una retrospectiva de la artista argentina Marta Minujín con más de 100 obras que hacen foco en su producción histórica de las décadas del 60, 70 y 80.
Mujer Intelecto 2000 Insólito: la escultura gigante de Minujín, tirada bajo una autopista. Iba a tener 26 metros de altura, 5 toneladas y la querían instalar en la Reserva Ecológica. Marta Minujín la soñó gigante: primero pensó las piernas, que tendrían 9 metros de altura. Y después el torso y la cintura, de otros 16.
Rayuelarte de Minujín Buenos Aires jugó a la rayuela a 25 años de la muerte de Cortázar. La artista plástica Marta Minujín llevó a cabo en plena avenida 9 de Julio su obra Rayuelarte. Consistió en invitar al público a jugar al tradicional juego en pleno centro porteño. Con unas 120 rayuelas gigantes pintadas por la artista plástica Marta Minujín en plena avenida 9 de Julio.
Obelisco Multidireccional Minujín otra vez con el Obelisco: ahora lo hizo "multidireccional". La artista inauguró ayer su nueva obra en la plazoleta de Cerrito y Posadas. La tormenta está en boca de todos. Los noticieros cuentan que Santa Rosa llegó puntual, pero a Marta Minujín, que ayer inauguró el "Obelisco Multidireccional" en la plazoleta Isidoro Ruiz Moreno (Cerrito y Posadas), la lluvia no le preocupa, "se hace igual" sentencia.

Marta Minujín is an Argentine Pop Artist !

With a successful career, Minujín is the most important and prolific artist of Argentina. “One of the Five of the World”. Known all around the planet, is a pioneer and leading figure in the visual art movement known as Pop Art.

Minujín: el personaje y la artista

A partir del jueves 25, la artista más famosa de la Argentina mostrará más de cien obras que repasan su producción de los años 60, 70 y 80. Incluye trabajos recordados, además de otros poco conocidos que salen a la luz a partir de la investigación que la curadora Victoria Noorthoorn hizo en el archivo de la artista. El armado de la muestra, y las opiniones de Gustavo Vázquez Ocampo y Marcelo Pacheco.

¡Corten! ¡Corten! ¡Sáquenme de aquí a esta mujer demente!”. Así entró Marta Minujín –la “mujer demente” en cuestión– a la escena de los mass media argentinos. Eso fue lo que gritó Augusto Bonardo, un olvidado conductor televisivo, cuando se vio atrapado en un happening de “la Minujín”. Corría 1964 y el pobre Bonardo quedó en medio de un caos protagonizado por un grupo de enloquecidas gallinas, varios robustos muchachos enfundados en slips y un desconcertado pony: los elementos que integraban la obra.

Así, con un buen escándalo en el viejo Canal 7, la Minujín hizo su ingreso a la cultura pop de nuestro país, un campo simbólico que la tiene como a una de sus hijas dilectas. La Warhol argentina (aunque algunos dirían que, por el contrario, Warhol fue el Minujín norteamericano). Una artista pop en todos los sentidos. Tanto por su vínculo conceptual y sentimental con los mandamientos del pop art, como por su indiscutible condición de artista popular, ampliamente reconocida por fuera de los estrechos límites del circuito del arte.

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Minujín y su ejército de clones: Revista VIVA "Te conozco, mascarita"

¡Arte, arte, arte!
Viaje a una obra de Marta Minujín: crónica en vivo de Indenti-Kit, el happening urbano que la reina del arte pop local diseñó y ejecutó a pedido de Viva. Fiebre de sábado al mediodía.

Nadie es ajeno a lo que está pasando el sábado 6 de noviembre en la cuadra de Florida que va de la Galería del Este al Florida Garden. Ni siquiera los turistas que, incrédulos, echan mano a sus cámaras pocket hasta que Identi-Kit los convoca y arrastra como un remolino. ¿Qué hace esa pareja brasileña con caretas de cartón de Marta Minujín siguiendo las instrucciones que se propalan por megáfono? No saben del todo quién es pero se dejan arrastrar por la situación: arriba las manos esto es, otra vez, un happening. Por los Ray-Ban agujereados con sacabocados espían la escena como el resto. La mujer de flequillo beatle albino, anteojos de sol y overol rayado con pintura acrílica está al frente de un ejército de clones y se la escucha aún más marciana por efecto eléctrico del megáfono.

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Minujín y la experiencia hippie

   

Vomitar, vomitar, vomitar: eso es lo que un artista tiene que hacer

A punto de inaugurar una retrospectiva, la artista repasa vida y obra. Y asombra. Reina madre, avispa primigenia, zumba y preside la nobleza del arte local como quien anda por su casa. Porque para ella, el arte ES su casa.

Abuela, madre e hija del pop nacional . La Madonna del arte argentino (“¡No! ¡Poneme Lady Gaga, que Madonna ya se aburguesó! ¡Lady Gaga es pura transgresión, es pop total!”). OK. Digamos que el 26, en el Malba, abre al público una retrospectiva que recorre, en 100 obras, la carrera de la Lady Gaga del arte local. Sus primeras pinturas informalistas, sus trabajos sobre medios de comunicación, los del hippismo, las grandes obras públicas o con colchones.

Melenita de oro desde los ‘70, la artista impuso su imagen y dejó obras históricas en la retina popular. Algunas fueron una experiencia masiva: El Partenón de libros y el Obelisco de pan dulce. De otras –como el vértigo de televisores de Simultaneidad en simultaneidad – supieron los enterados, pero su repercusión atravesó los años.

Antes, la artista-reina nunca escondía ni sus penachos castaños ni su mirada clara. Pero la fama y la vida le pusieron delante de la sonrisa esa cabellera rubia y unos anteojos oscuros, gigantes, que la acompañan desde hace décadas deviniendo marca registrada y muro de su vida íntima.

Aclaremos, antes de seguir, que ella dice que todo esto es un personaje: un desdoblamiento de sí , compuesto también por extravagantes anillos, adornos, mamelucos… Recordemos la cartera-langosta-de-mar, rojiza, con pinzas, que llevó durante los 90 a todo programa de televisión posible. ¿Influencia del surrealista Dalí? ¿Impronta del mega-pop Andy Warhol? La artista lo admite todo. “Soy como una esquizofrénica, tengo una doble personalidad, la pública y la privada”.

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Minujín: ¿Excéntrica yo?

El Malba cierra el año con una retrospectiva de la artista plástica argentina, Marta Minujín, donde se exhibirán más de 100 obras que hacen foco en su producción histórica de las décadas del 60, 70 y 80.

Curada por Victoria Noorthoorn, la exposición invita al público a adentrarse en las obras y las acciones más y menos conocidas de la artista, realizadas tanto en Buenos Aires como en París y Nueva York, entre otras ciudades.

"El objetivo principal de esta exposición es acercar al público la complejidad, coherencia, y densidad crítica de una obra que conocemos poco; y enfatizar su pertinencia contemporánea", sostuvo Noorthoorn.

La muestra se organiza, a grandes rasgos, de manera cronológica e incluye desde sus pinturas de 1959 y sus tempranas obras informales hasta sus ambientaciones multicolores de 1964 y 1965, desde sus trabajos sobre los medios de comunicación en 1966 hasta su experiencia hippie hacia 1968, desde sus óperas ficcionales en 1972 hasta sus proyectos de crítica sobre la realidad latinoamericana durante los tardíos años 70, para luego extenderse a sus proyectos de participación masiva.

El diseño expositivo presenta un formato afín a la vorágine de la artista, con paneles curvos y diagonales que invitan a introducirnos en su laberinto creativo. Incluye obras pertenecientes a colecciones públicas y privadas, 20 proyecciones con registros fílmicos, la reconstrucción y recreación de obras históricas e importantes documentos del prolífico archivo de la artista.

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Minujín: Y el arte llegó a la televisión

Una muestra en Telefónica vuelve sobre las experiencias de un grupo de artistas del Di Tella, que, a fines de los años 60, redefinieron el lugar de la tevé en la vida de los argentinos.

Hubo un tiempo en que el arte local estuvo bien cerca de la tevé.

Televisión. El Di Tella y un episodio en la historia de la TV, la imperdible muestra, curada por Rafael Cippolini e Inés Katzenstein en el Espacio Fundación Telefónica, pone el foco en las relaciones entre arte y televisión, a través de las experiencias en el mítico instituto entre 1965 y 1969. Un dato sirve para ilustrar el lugar que ocupó la pequeña pantalla: a fines de los sesenta la Argentina ostentó el extraño récord de ser el país con más horas transmitidas por tevé en todo Occidente.

Tanto fue el interés, que Jorge Romero Brest proyectó transformar el instituto en un estudio de televisión. Una idea “deudora de un proceso que se había iniciado unos años antes de la mano de los artistas y que había tenido al Di Tella como centro de operaciones: por primera vez el arte proponía modificar la televisión desde todos los ángulos, convirtiendo el doméstico aparato en escultura, fetiche y sistema autorreferencial, pero también transformando las especulaciones teóricas (sociológicas, tecnológicas y políticas) en una indagación de la visualidad social y sus efectos”, escriben los curadores en el catálogo.

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Minujín: ¿El registro también es obra?

La pregunta es una de las muchas que plantea una muestra en la que conviven fotoperformances con registros documentales de acciones que fueron pensadas y realizadas como obras efímeras.

Marta Minujín y Margaret Thatcher –en realidad, una doble– están sentadas frente a frente sobre una alfombra de choclos. Minujín le ofrece maíz, el “oro latinoamericano”, a la ex primera ministra británica. La Thatcher abre la boca, grita, aúlla, mientras se aferra con las manos al borde de su silla. Esta descripción es una síntesis de tres fotos de “El pago de la deuda a Margaret Thatcher. Solving the Internacional Conflict with Art and Corn” (resolviendo el conflicto internacional con arte y maíz), que Minujín presentó en 1996 en Corpus Delicti , festival de performances organizado por el Instituto de Arte Contemporáneo de Londres.

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Minujín: Cóctel pop-conceptual

Cuando se cumple medio siglo de eso que llamamos arte contemporáneo, esto es, del giro que registran las formas e ideas artísticas hacia 1960, es ya tiempo de revisar esas obras y esos años. Esto hace el CAAC con una obra de Marta Minujín (Buenos Aires, 1941), una artista que sintetiza muchas de aquellas inquietudes y que sigue desarrollándolas: en septiembre inauguró en Buenos Aires su Obelisco multidireccional, una ironía sobre arte público.

Pese a ser una excelente alumna, según los cánones académicos, Minujín, estudiante de bellas artes, buscaba ya otros modos de hacer. Los encuentra en París, donde permanece becada entre 1961 y 1963: en sintonía con el nouveau réalisme, hace esculturas blandas con colchones. Después, en un happening memorable, las quemó, mientras liberaba cientos de pájaros y conejos, apostando por un arte efímero y libre de tutelas institucionales.

De nuevo en Buenos Aires, Menesunda (1965) es una instalación en la que el espectador debía atravesar sorprendentes espacios: desde una habitación con parejas en la cama hasta una cámara con temperatura bajo cero. Luego, en 1966, en el Instituto Di Tella -decisivo en Argentina para el arte experimental y tecnológico- realiza Simultaneidad en simultaneidad, en la que su acción coincide en el tiempo con las de Wolf Vostell, en Colonia, y Allan Kaprow, en Nueva York, transmitiéndose las tres vía satélite. La propuesta de Minujín, además, consiste en congregar a sesenta profesionales de medios de comunicación: responden a una entrevista y a la vez pueden oírla en el receptor de radio que se les entrega y verla en un monitor de televisión que tienen delante.

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Minujín al Malba

La artista más mediática de la Argentina, precursora, hippie y transgresora, se prepara para la mayor retrospectiva de su carrera y en diálogo con adn* despliega la agudeza de su mirada crítica

Marta no se saca el mameluco. Es su uniforme de trabajo desde que se lanzó a las pistas en los años sesenta, cuando era una chica flaca y tímida. ¿Tímida? Verborrágica, lúcida e implacable -con el resto del mundo y consigo misma-, prepara con su batallón de colaboradoras las obras que se mudarán en pocos días al Malba para la gran retrospectiva, tan merecida como demorada, de una producción difícil de asir.

Los pasos previos, el criterio de selección y la ubicación en el planeta arte de los siglos XX y XXI son analizados por la curadora Victoria Noorthoorn (Bienal de Pontevedra, del Mercosur y de Lyon), quien tiene una química particular con esta artista inclasificable y genial.

Rigurosa, estricta, con ese sello de politesse propio de una educación estricta, Noorthoorn ha logrado ubicar el fenómeno Marta Minujín en las coordenadas de un siglo cambiante. La retrospectiva -sin olvidar la muestra antológica de Jorge Glusberg en el MNBA en el 89- confirma el compromiso del Malba con el arte argentino contemporáneo a través de la política de gestión de su curador jefe, Marcelo Pacheco, y del fundador de la institución, el coleccionista Eduardo Costantini.

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Minujín en el Bicentenario: No hay un sentido de patria

   

Minujín, la artista filósofa

La creadora argentina rescata una obra de 1968 sobre comportamientos sociales.

Tiene tanto que decir que habla a velocidad de vértigo. Podría haber vivido cien vidas. En su biografía hay material para rellenarlas. Ella es Marta Minujín, polifacética artista argentina (Buenos Aires, 1943) que inaugura hoy una muestra en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC) de Sevilla, y su experiencia artístico-vital es tan amplia que abruma.

Quemó sus obras en las calles de París antes de que nadie soñara con lanzar adoquines (La destrucción, 1963), introdujo el happening en América Latina, fue hippy  en Central Park junto a Jimi Hendrix y Janis Joplin, le pagó la deuda exterior argentina a Andy Warhol con mazorcas de maíz, construyó un Partenón con 30.000 libros prohibidos por los militares en Buenos Aires... Marta Minujín presenta ahora Minucodes, su primera individual en España, una reposición de un happening que realizó en Nueva York en 1968.

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Minujín rumbo al Malba

   

"Imán: Nueva York", la muestra sobre el esplendor de los 60

La Fundación Proa plantea un recorrido por las obras y los artistas que llegaron a EE.UU. Marta Minujín y su obra, en Nueva York

Quien visite "Imán: Nueva York", la muestra que se acaba de inaugurar en la Fundación Proa, probablemente no se lleve un impacto estético o una sorpresa visual. Pero, sí, accederá a un clima de época, en la que una conjunción de instituciones, estéticas, artistas y coordenadas históricas hizo que el arte argentino y el norteamericano entraran en diálogo y sintonía.

Son los años 60, un momento de singular energía en la escena artística local, cuando los artistas convirtieron a Nueva York en el destino deseado y visitado, y la Gran Manzana miró, compró y expuso el arte argentino.

La muestra -desplegada en las cuatro salas que hasta hace poco ocupó la exitosa exhibición sobre futurismo italiano- reúne unas 60 obras de 32 artistas argentinos cuyas biografías están atravesadas por la experiencia neoyorquina.

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Minujín: "Si los artistas pudiéramos dirigir el mundo, sería fantástico"

En una entrevista con lanacion.com, consideró que los  argentinos "están revueltos" y que "no hay un sentido de Patria"; se  mostró desilusionada con el país y aseguró: "Podríamos ser mejores"

De no ser por sus movimientos eléctricos, parecería una muñeca pequeña sentada con los pies colgando en una silla gigante de colores fluorescentes. Envuelta en un overol blanco y con la mirada escondida detrás de sus infaltables lentes de sol, balancea las piernas mientras interrumpe, una tras otra, las ideas que expresa a borbotones y casi sin modular. Sueña despierta con un ideal del país pensante e igualitario que esperaba para el Bicentenario.

"Tendríamos que haber festejado todos los días desde que estamos en democracia", se lamenta Marta Minujín, ícono del arte pop argentino, en una entrevista con lanacion.com en la serie de reportajes de cara al Bicentenario.

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Entregarán 25 medallas porteñas

Como parte del programa Puertas del Bicentenario, el gobierno porteño realizará hoy la segunda entrega de las Medallas del Bicentenario, que se otorgan a personas e instituciones representativas de nuestra cultura.

En un acto que se hará, a las 19, en el porteño Teatro Presidente Alvear, avenida Corrientes 1695, recibirán el galardón Julio Bocca, Marta Minujin, Osvaldo Bayer, Hermenegildo Sábat, Héctor Larrea, Manuel García Ferré, Jorge Luz y Mariano Mores, entre otras personalidades.

Con la entrega de las medallas, el programa se propone reconocer, resaltar, iluminar y agradecer a lo largo del año a 200 personas e instituciones, como un hecho simbólico que apunta a destacar la honestidad, el esfuerzo, la solidaridad, la decencia, la creatividad, el coraje y la lealtad de quienes las reciben.

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